De Anábasis, Guerreros y nostalgia

 


Entrar en una librería me ha parecido siempre una experiencia emocionante y misteriosa. En ventanales y aparadores se despliegan carteles de los éxitos de moda y al traspasar el umbral me encuentro con mesas y estanterías llenas de volúmenes multicolores intentando llamar la atención de los curiosos que recorren sus pasillos a la caza de un volumen atractivo.


En mi última excursión por la librería me encontré, casi por accidente, con un título que llamó mi atención: Anábasis o la expedición de los diez mil del historiador griego Jenofonte. Cuando vi el libro publicado por Gredos en su edición en pasta dura y letras doradas sobre fondo azul vino a mi mente la película Los guerreros de 1979. La asociación no es descabellada o gratuita. La película es una adaptación de la novela homónima escrita por Sol Yurick quien se inspiró a su vez en la Anábasis de Jenofonte.


Quienes tengan más o menos mi edad probablemente la recuerden. Aunque su estreno en cines provocó violencia de pandillas en algunos lugares, con el paso del tiempo fue ganando adeptos hasta que se convirtió en una película de culto.



La trama gira en torno a los integrantes de una pandilla neoyorkina convocada a una reunión y que, al ser asesinado el líder convocante, tienen que regresar a su territorio mientras las demás pandillas y la policía tratan de eliminarlos pues los culpan del asesinato.


En el transcurso de los años he visto la película varias veces y la sigo disfrutando. La huida por el parque perseguidos por la pandilla de los Furies
con una imagen mezcla entre beisbolistas y fanáticos del grupo Kiss es icónica. Y aunque a primera vista no parece más que una película de acción para divertir y entretener, en realidad resiste un acercamiento más profundo.


Cuando uno lee el libro de Jenofonte
que es la fuente primigenia de inspiración de la película puede identificar el tono épico y profundamente humano que se mantiene también en la película.


Los hoplitas griegos, protagonistas de la gesta, son la crema y nata, el grupo de guerreros de élite más poderosos de su tiempo. Pero son engañados para hacer una incursión en el territorio persa, y al morir su líder en batalla, se ven obligados a regresar atravesando un territorio hostil lleno de peligros, obstáculos, clima adverso y la división y traiciones en sus propias filas.



La adaptación cinematográfica mantiene estos elementos y es fácil identificarse con los personajes aun con la distancia que existe entre los hoplitas griegos, los guerreros pandilleros y nosotros, modernos habitantes de ciudades sobrepobladas, deshumanizadas, donde reina la contaminación, la delincuencia y una infraestructura de transporte que se cae a pedazos.


Más de uno de nosotros se siente identificado con esos guerreros que solo quieren regresar a casa sanos y salvos atravesando un territorio hostil, peligroso y traicionero.


Eventualmente, tanto el libro como la película mantienen la estructura del viaje del héroe que popularizó Joseph Campbell en su libro "El héroe de las mil caras". Una estructura arquetípica que nos identifica como humanos, que nos hermana y nos permite empatizar con los personajes y reconocernos en ellos.


Sin proponérselo, Jenofonte nos narra la expedición de los diez mil en un estilo a medio camino entre el relato histórico y la novela de aventuras. Leer la "Anábasis" antes o después de ver la película de "Los guerreros", refuerza la experiencia de esta historia, porque eventualmente, todos nos hemos sentido alguna vez como esos guerreros atrapados en un terreno hostil buscando la manera de regresar a casa.


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